miércoles, 22 de noviembre de 2017

No son molinos, ¡son Highlanders!, Laura Rivendel

Narrativa contemporánea
436 páginas
Autopublicado, 2016
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Sinopsis:


«¡Vas a acabar como Don Quijote, con el cerebro seco de tanto leer!» Si a Valentina le hubieran dado una moneda cada vez que alguien le decía estas palabras, podría haber hecho el viaje de sus sueños a Escocia. Pero Val no tiene dinero así que usa los libros para viajar, aunque a diferencia del hidalgo de la Mancha, las historias que ella lee no son de caballería, son novelas románticas. Val es alumna de primer curso en la Universidad Internacional Don Quijote, acabada de estrenar. Su pasión por la lectura hace que consiga el puesto de becaria en la biblioteca, donde revoluciona las costumbres de la bibliotecaria jefa creando un club de lectura virtual: Las Pícaras Molineras. Y no es la única revolución que tiene lugar durante el curso. Miguel, un guapísimo estudiante de psiquiatría que está realizando su tesis doctoral sobre el Síndrome de don Quijote, se siente muy atraído por ella, pero Valentina no tiene claro si la ve como a una mujer o como a un conejillo de indias. La llegada de Ian, un estudiante escocés de intercambio, hace que la vida de Val se complique de un modo muy interesante. 
¿Se quedará Valentina de la Mancha con el psiquiatra que la vuelve loca o se convertirá en Valentina de las Highlands? No son molinos, ¡son Highlanders! es una alocada comedia romántica que nos recuerda que hay que ser tan valiente como don Quijote para enfrentarse a los molinos del amor.

Mi opinión personal:

Valentina Bravo, Val, es una chica alegre y soñadora, aficionada a la literatura romántica y en especial, a los libros de highlanders. En la Universidad Don Quijote, ubicada en un lugar de La Mancha de cuyo nombre os juro que no me acuerdo en este instante, consigue un trabajo como ayudante de bibliotecaria. Comparte afición por la novela romántica con Missy, su jefa, una mujer que no está pasando por su mejor momento personal debido a su reciente divorcio, la enfermedad de su madre y la temida crisis de los cuarenta.

Para complicar un poco más la historia de estas dos mujeres, en el campus aparecen en escena cuatro personajes más: Miguel, un estudiante de psiquiatría, Alonso, el camarero del bar de la Universidad, Ian, un estudiante escocés de intercambio y Tamara, la compañera de habitación de Val. En total, tres chicos y tres chicas que poco tienen en común y que sin embargo, se verán obligados a convivir varios meses juntos y dentro de un mismo recinto.

No son molinos, ¡son Highlanders! es una historia de amor narrada en clave de humor. Me han hecho especial gracia los Síndromes de Missy (tendréis que leer la novela para descubrirlos!) y las continuas referencias a libros y autores que, los aficionados a la novela romántica como yo, reconocerán al instante. Debo añadir que, si bien al principio estas alusiones me divertían, creo que la autora ha abusado en exceso de este recurso y al final, me ha resultado algo repetitivo.

Las historias de amor están presentes en este libro, pero no he logrado conectar al cien por cien con ninguna de ellas debido a la diferencia de caracteres y de edad de los protagonistas y sobretodo, con la actitud de Missy en un momento concreto de la historia. Sin duda, si tengo que escoger una historia de amor, me quedo con una muy diferente: la de Val y Missy con sus respectivas familias.

Junto con la novela romántica, Val es la indiscutible protagonista de esta historia. Es una chica alegre y tiene un punto de locura y espontaneidad (como nuestro querido Don Quijote) que te hacen cogerle cariño desde el principio; es fácil sentirse identificada con ella en muchas ocasiones, aunque también será capaz de sacar de quicio al lector con algunas de sus decisiones.

Pero si hay un personaje que me ha gustado por encima del resto, ha sido el de Mercedes Algarra, la Generala, la madre de Missy. Como apunta su mote, es una mujer de armas tomar que a pesar de su carácter, en el fondo es un cacho de pan y tiene una forma increíble de afrontar los problemas, en especial, los que conciernen a su enfermedad.

No son molinos, ¡son Highlanders! es una novela que su autora publicó en 2016, coincidiendo con el IV Aniversario de la muerte de Cervantes, y no se me ocurre una forma más original para homenajear a tan ilustre escritor. Es una historia sencilla que cumple con su prometido de entretener y aunque no destaca por su complejidad, es capaz de arrancar más de una sonrisa al lector con las ocurrencias de sus protagonistas.


Mi puntuación 



viernes, 10 de noviembre de 2017

Última entrega, Bela Marbel

Romántica contemporánea, Relato corto
91 páginas
B de Books, Selección RNR, 2014
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Sinopsis:

Ginger tiene un día de locos: casi le atropella un camión, se acaba de pelear con un taxista y, para colmo, la han mandado al último rincón del mundo a llevar un paquete. ¿Qué más podría pasarle hoy?
Ya queda poco para finalizar la jornada laboral y en cuanto haga esa última entrega se podrá marchar a su casa para disfrutar de la Navidad con los suyos? ¿o tal vez no?
Cuando la puerta del último cliente del día se abre y un atractivo desconocido la introduce bruscamente en su casa para mantenerla retenida en contra de su voluntad, no puede creerse que eso le esté sucediendo a ella.
¿Quién es ese hombre tan seductor y por qué la mantiene encerrada?

Opinión personal:

Ginger, Gin para los amigos, es una aspirante a actriz que trabaja como repartidora para una empresa de mensajería. Su última entrega el día de Navidad tiene que realizarla en un piso de un tipo muy extraño, un hombre que cuando le abre la puerta, se identifica como policía, la cachea y la retiene en contra de su voluntad.

Eugene, el inspector de policía apodado El Jefe, está protegiendo en un piso franco a Mau, la esposa de un hombre al que han asesinado. Por un descuido durante su vigilancia, al abrirle la puerta a una repartidora ésta le ve la cara a Mau, por lo que se ve obligado a retenerla hasta nueva orden. Gin es una joven descarada, impetuosa y malhablada... desde el primer instante sabe que tenerla allí horas o días va a ser un quebradero de cabeza para él, pero no se imagina cuánto...

Suelo combinar lecturas cortas con otras más extensas y soy consciente de que el mayor problema al que me enfrento con los relatos breves tiene siempre como punto de partida la precipitación en su desarrollo. Sin embargo, en esta ocasión, mi mayor obstáculo no ha sido ese, sino la trama en sí que, en un intento de ofrecernos una lectura sorprendente, me ha resultado descabellada y poco creíble desde el principio. 

En mi opinión, las circunstancias en las que se conocen Gin y Gen no hacen verosímil nada de lo que sucede más adelante. No es común que la policía asigne vigilancia tan intensiva a la esposa de un fallecido por asesinato; tampoco es lógico que un policía en una misión de esas características le abra la puerta a un repartidor -mucho menos si no espera ningún paquete-  y que encima no obligue a Mau a ocultarse mientras lo atiende, y de esta forma, he ido encontrado incongruencias en la trama hasta prácticamente el final de la historia. 

El segundo motivo por el que este relato no ha acabado de convencerme es que el amor a primera vista se produce en apenas unas horas, y si ya me cuesta creerme los flechazos que suceden en una semana, imaginad este.

Lo que sí me ha gustado mucho de esta novela es la forma en que está narrada, con capítulos cortos en los que predomina el diálogo, guerras dialécticas entre los protagonistas y en especial, dos personajes secundarios que han captado mi atención: Mau, la anciana a la que protege Gin y Jack, el compañero de Gen. Por cierto que este último sufre un accidente de trabajo que le deja tocado y hundido, convirtiéndolo en un firme candidato para tener su propia historia en un futuro.


Mi puntuación: